-Dime joven odipuc, qué te preocupa? Pues veo tus ojos enrojecidos de llorar.
-Le di mi bien más preciado a mi tesorera a cambio de gran felicidad y grandes riquezas y me lo devolvió pequeño e insignificante.
-Otra vez la misma historia?
-No, esta vez fue diferente, más ella me mostró todas mis ganancias y toda la felicidad prometida. Sin embargo, no mostró pena alguna al destrozarlo y aprovecharse.
-Otra vez la misma historia...
-No, las dos veces anteriores... La misma historia...
-Nunca des un paso en falso chico, sé inteligente y vivo.
-Ya sabía lo que me deparaba el futuro y escogía tal camino.
-Y yo lo sabía también.
-Por qué no me avisaste?
-Te avisé, pero el aire no te dejó escuchar mis consejos y mi experiencia de nada sirvió.
-Las promesas y las falsas esperanzas se lo llevaron todo...
-Pues que más son las promesas y esperanzas que un susurro perdido en el viento?
-... Debo irme
-Dónde vas, hijo?
-Con mi tesorera!
-Con la misma?
-Sí, viejo! Quiero esas riquezas.
-Parece que me has escuchado, pero no has aprendido nada, tu juventud e ignorancia juegan en tu contra.
-Lo sé, pero me pillaré los dedos hasta sangrar lágrimas. Hasta pronto!
-Joven muchacho que partes hacia tu perdición, ya sabias que perderias antes de tirar los dados, que fuerte el dichoso amor!
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