Nadie que escriba algo que valga la pena puede escribir en paz.
Amarga bilis y traga,
versos como puños,
golpes en mis entrañas.
Todavía era más chico
y en tu mirada me mecías,
me decías que me querías
y que un gran hombre yo sería.
Pero hoy en tu pupila derretida,
tu mirada perdida,
jamás pensé que así te vería.
Mas pese a mirar sin rumbo,
tu mirada nunca es fría,
la mirada de saber que estoy ahí
hasta en tu otra vida.
A ti, gracias por enseñarme a ser quien soy.