jueves, 6 de junio de 2013

Acusación.

La locura jamás apretó un gatillo,
aunque matara con cuatro paredes,
señor juez.

Si lo encerró en su cárcel
de papel y mil lágrimas,
y en él construyó su torre de Babel
y fue el mártir siempre fiel.
Si apretó con ansia el cuello
y ya ni sístole, diástole, ni historias.

Si mal obró no fue por suerte ni su gloria
ni incluso por soberbia o egoísmo.
Mas malvivió consigo mismo,
-dentro suyo-
y oh, qué tan extraño dúo! -Perfecto.

Por eso yo le digo,
señor juez:
que no hay más castigo para el loco
que la compañía del soez.