Cerrando los ojos se apaga el universo...
La soledad me marca
como a un cerdo el hierro rojo,
me tatúa
una angustia en el paladar:
amarga bilis cada hora.
Me encierra
en el prado más ancho
y más húmedo y más verde de los prados.
Pero juego en él,
y solamente cae arena entre mis dedos.
En la noche de verbena
más ruidosa y estrellada
no hay taja
que ate mi cordura,
ni rostro que me acerque a tu figura.
Volví a hacer poemas de amor.
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