el rastro de tus condenas.
Tú dolor humedecido,
los estragos del olvido.
Son las sendas y despojos
que ahora salen de tus ojos.
Es la mar hecha amargura,
el crujir de la dulzura.
Más noches habré pasado,
roto en aguas de tristeza:
llanto ya te habré llorado
Caprichosa como un dado,
siempre agachando mi cabeza;
moriré por mi pecado.
Oh lágrima,
que en los
ojos de la
gloria te has
mecido y
has tumbado
al más grande
de los hombres
y enmudecido
al más grande
de los imperios.
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