No había visto dolor,
en unos ojos;
desde antaño cuando
miré al espejo.
Nunca creí ver sangrar
cincuenta años de historia,
entre polvo y escarcha.
Pues al frío anochecer
de la victoria,
dónde quedan los caídos
y sus páginas.
A sus hermanos,
no les sabe a miel sino
a recuerdos en polvo
la memoria.
Ni juicio ni religión,
ni patria ni moneda,
no hay justificación
para nacer, ETA.
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